domingo, agosto 29, 2004

No estamos solos

Sé, por que me lo han dicho, que algunos de mis amigos andan pasando una época estival casi tan buena como la mía, es decir, se retuercen en una extraña depresión veraniega propiciado por el exceso de tiempo libre y calor que reblandece cuerpo y mente. Yo también me siento un tanto abatida y desganada. Lo curioso, es que no tenemos el valor suficiente de mirarnos a los ojos y decirnos que estamos mal. En vez de afrontar este malestar, respondemos con un "bien, gracias" o un "voy tirando" impersonal hasta la médula y somos incapaces de admitir (ya sea por la elevada privacidad de estos sentimientos depresivos o por no querer mostrar nuestras fragilidades a los ojos de los demás) que hemos tocado fondo, o casi, que cuando estamos en un balcón demasiado alto sentimos el irreprimible y terrorífico impulso de lanzarnos al vacío sin red ni esperanza alguna. Pero supongo que es inevitable que crezcan estos muros entre nosotros (las distancias restan confianza, los silencios suplidos con palabras huecas de contenido o transcendentalidad, esas cositas tan oscuras,...). De todas formas, aunque no nos lo hayamos confesado en tono trágico o secreto, sabemos que los demás no están mejor que nosotros y eso ya es una ayuda. Pero no es una ayuda en el sentido de alegrarse de la desgracia ajena y relativizar nuestra situación, constituye una ayuda en el sentido de saber que hay alguien que sufre y necesita de tu ayuda y tu apoyo (aunque sea secretamente, anónimamente).El hecho de sentir que puedes hacer algo por esa otra persona, cuya situación no es mejor que la tuya aunque sea de una forma distinta, ya sirve para saber que tarde o temprano pasará la tempestad propia y la ajena y que es ayudando al prójimo como uno se puede ayudar a sí mismo.