miércoles, agosto 25, 2004

Divagante

Andaba yo releyendo el último post que colgué (mmm...creo que me pasé de trasncendental!) y me ha venido a la cabeza una frase que leí ayer en un libro que hojeé en casa de un amigo. Decía algo así como: "vive un solo día a la vez". Era un libro escrito por un monje budista (no recuerdo su nombre) que trataba sobre el poder de la mente y del cuerpo para sanar (entendiendo la enfermedad como cualquier factor físico o psíquico que perturbe la paz de la persona). "Vive un solo día a la vez", no podemos vivir pensando en el pasado y en el futuro además de en el presente. No vale la pena cargar con el lastre de la memoria o el de la incertidumbre, a partir de ahora trataré de vivir un solo día a la vez.

Enlazando con lo dicho pero sin que tenga demasiado en común, acaba de llamarme la atención un detalle de lo último que dije. Cuatro palabras: "no vale la pena". Me ha llamado la atención porque he reconocido en mí una tendencia a decir siempre que "no vale la pena" esto o lo otro. Pero no lo digo en un sentido despectivo de la expresión, no pretendo juzgar sobre el valor de las cosas. Simplemente hago esta observación porque con el tiempo he aprendido a relativizar y considero que es un ejercicio fantástico. Cuando me enfado, cuando odio, cuando quiero y no puede ser, cuando soy egoísta, cuando me traicionan, cuando alguien ha jugado sucio conmigo... me ayuda pensar que no vale la pena nada de esto. Para mí, es una medicina fantástica el hecho de quitarle valor a ciertas csoas, gestos o palabras que pdorían herirme o herir a alguien. Lo recomiendo, cada vez que os sentís atrapados en sentimientos turbios preguntaros ¿Merece la pena sentirme así por esto? Ya veréis como funciona, la respuesta siempre es no, no merece mi pena.