miércoles, agosto 25, 2004

Divagante

Creo que tengo un serio problema, carezco de pensamiento concreto. Y no afirmo esto gratuitamente, lo he comrpobado durante largo tiempo y en el 100% de los casos mi teoría funciona. Pienso mucho a lo largo de una jornada, pienso mucho y pienso mal. Bien, supongo que habré de resignarme a esa densa neblina que inunda la totalidad de mis pensamientos, esa masa de ideas locas en constante movimiento, siempre cambiantes y escurridizas como anguilas del demonio. Y pensar de esta forma supone un reto para mi supervivencia porque el no poder concretar mis ideas (que la mayoría de las veces escapan del ámbito de la palabra para refugiarse en interregnos de sueño y aguas profundas) me produce cierta angustia ante situaciones en las que sería óptimo hacerlo. A veces siento que soy incapaz de mantener una charla decente con alguien (conocido o desconocido) porque puedo exponer ceirtas ideas pero no argumentarlas, porque hay ciertas cosas que no tienen cabida en esa conversación o en ninguna, porque todo lo que digo o podría decir me suena a marciano.
Esta manera de dsicernir también afecta a mi manera de escribir. He comprobado que me cuesta horrores concretar un lugar, un tiempo, unos personajes que no parezcan de cartón, una situación que no esté demasiado desgastada, unos sentimientos que no parezcan rígidos o desprovistos de vida cuando los volco sobre el papel. Mi sueño (que espero poder realizar algún día)... veis, lo que decía, ya no recuerdo cuál era mi sueño...siempre esta maldita gelatina en mi cabeza.
Supongo que esto que yo describo como mi gran defecto, mi tendencia divagante y poco cconcretadora, es lo que me impulsa a escribir sobre el papel cualquier idea que asoma bajo mi pelo. El siguiente paso es aprender a desarrollar estas ideas, darles forma y volumen para que el día de mañana puedan formar parte de un libro o algo así.

Otro día hablaré sobre el concepto de libro, objeto curioso donde los haya.