jueves, marzo 11, 2004


Esta mañana, al despertarme de un confuso e intranquilo sueño (has cambiado mucho desde que te conocí, me decía mi ángel de la guarda) me he topado con la muerte de más de 150 personas. Un atentado brutal asolaba las vías de tres estaciones ferroviarias en Madrid. Eran las ocho de la mañana, hora punta en el transporte público, y más de mil personas sedirigían a sus respectivos trabajos, escuelas y universidades. Pero el ensueño que reinaba en las caras de los pasajeros que habían tomado esos trenes (¿por qué no tomaron otros?¿Por qué?) se rompió bruscamente con el estruendo que provenía de no se sabe dónde. Seguidamente, sólo quedó caos, confusión, sangre, heridos y cadáveres, llantos asustados y vagones de tren convertidos en un amasijode muerte y hierro, tan retorcidos como la mente de los HIJOSDEPUTA que dejaron las cargas explosivas esparcidas por los tres trenes. Todo esto, me ha provocado un verdadero horror del que no he conseguido desprenderme durante el resto del día. He reflexionado sobre la muerte, la brutalidad, el odio y el amor, la vida, la vida después de la muerte...¿Habrá alguna esperanza de salvación?
No temo la muerte, ya no la temo, pero es inevitable que ante tal tragedia no pueda dejar de cuestionarme si es realmente justo, si todos aquellos que habían de tomar el tren sin destino esta mañana eran merecedores de un final tan absurdo y teñido de sangre. Según informan en las televisiones, el atentado ha sido perpetrado por la organización terrorista ETA. ¿Qué sentido tiene matar por unas ideas?¿Tan importante es el sentido patriótico-nacionalista (si es que aún les queda algo de eso a estos cabrones) que merece más de un centenar de muertos, por no hablar de los heridos? Desde luego, una porción de tierra no es excusa (aunque la larga tradición histórica nos diga lo contrario) para matar indiscriminadamente. No hay nada en este mundo que pueda anteponerse a la VIDA, absolutamente NADA. Nadie tiene derecho a decidir sobre la vida y la muerte de los otros, NADIE. Y menos, por una ideología que ni siquiera compartían la mayoría de las víctimas de esta espeluznante masacre.

Desde aquí, pido que no olvidemos jamás este brutal asesinato masivo, que no olvidemos jamás el regalo precioso que es nuestra vida y la de los demás, que nunca más se mate por unas ideas (las ideas se las lleva el viento...). Un minuto de silencio por los muertos...y un minuto de silencio por los vivos.

Una última pregunta para los asesinos: ¿Cómo os sentís ahora que vuestras manos están un poco más manchadas de sangre inocente? Espero que la vida os devuelva todo lo que habéis sembrado, y si no es en esta vida será en la próxima. Que os sea leve.

Esto es todo por hoy