domingo, septiembre 19, 2004

Vacío


VACÍO: es lo que sentimos cuando no podemos avanzar ni disfrutar con nuestras propias decisiones...esto no lo digo yo, lo dice un anuncio de coches. Pero, y esto lo añado yo, ¿quién nos garantiza que restaremos a salvo de este vacío a pesar de tomar la decisión acertada y llevarla a cabo? No creo que el vacío dependa exclusivamente de lo que decidimos y de cómo llevamos a cabo estas determinaciones. Yo decidí estudiar física, sigo disfrutando de ella y avanzo, con pasos de tortuga eso sí, hacia la meta. También he decidido que prefiero la literatura al laboratorio o las fórmulas, prefiero la imaginación a la razón. Pero esto sé que no me deja a salvo del vacío, porque siempre está ahí, al acecho, esperando que me asalte la más ínfima duda o el más insignificante bloqueo para asomar su cabecita hueca en mi vida y dejarse sentir con todo el peso de la nada. Si me pongo a cuestionar cada una de las decisiones que tomo, no descubro otra cosa que no sea un vacío, una inutilidad inherente en los actos, no sólo en los míos sino en los de todos los mortales. ¿Qué sentido tiene todo esto? Se supone que renunciar a todas las cosas que derivan de la condición humana (ya sean las ilusiones, los proyectos, una casa o un coche o un teléfono, el espejismo de las relaciones humanas, el amor en el más amplio sentido de la palabra, un trabajo estable, etc.) es admitir que hemos sido derrotados y tachados de bichos raros por el resto de la sociedad. Pero yo admiro al espíritu valiente que es capaz de renunciar a todo esto y transitar por la vida con la sencillez propia de un místico. Admiro a quién puede prescindir de todo, TODO, y tomar el acto de vivir como algo tan sumamente natural como la muerte, sin construír falsos castillos de humo para llegar a eso que llaman FELICIDAD en mayúsculas o sucumbir a las tentaciones oscuras del poder, el odio o el egoísmo. Admiro al asceta que anda descalzo y con los ojos abiertos, que se alimenta de serenidad y amor (no físico). De todas formas, admito que estoy atrapada en un mundo en el que tomar la vida con esta asuteridad y simplicidad es demasiado utópico por las circunstancias que hemso creado a nuestro alrededor. Si quiero sobrevivir no podré hacerlo sólo del aire o de los sentimientos ascéticos, tendré que afrontar valientemente esta lucha que me ha sido propuesta desde los otros, batallar por lograr una victoria que para mí no tiene sentido alguno. No me conformo con ser socialmente aceptable, o tener una estabilidad tan ilusoria como los espejos deformados, tamppoco quiero pasar por esta vida omo un número de afiliado a la seguridad social o un documento de identidad que apenas dice nada importante sobre quién soy yo.
Anuncio solemnemente que no temo el vacío, simplemente acepto el vacío como una manifestación más de mi complejo ser. No sé, quizá sea un poco nihilista...

(Advertencia: esto es sólo una de las tantas pajas mentales que pasan por mi cabecita hueca, que nadie se lo tome demasiado en serio pero tampoco es aconsejable tomárselo demasiado en broma...)