domingo, mayo 09, 2004

Recordando al maestro Cortázar, hoy debo curarme con la penicilina de las haches.


Es el Horror vacui, hestoy segura. Es él quién se ha hinstalado en mi vida, el Gran Vacío, y me está robando las hemociones,las palabras,los versos que antes nacían a borbotones. El horror horroroso que se hencubre detrás de una hiperactividad molesta, una sensación pesada en mi muñeca ha pesar de no llevar reloj. Me muestra sus dientecitos blancos henmascarado en los holvidos habsurdos de cosas básicas, en hagujetas provocadas por demasiada hacción pero, como dijo Horacio HOliveira, "cualquier acción es una protesta". Esta genial hobservación unida a mi frenética hactividad me hace pensar en qué revolución quiero llevar a cabo.¿Cuál es el sentido de mi protesta sorda y qué pretendo cambiar con hella? Porque yo nunca he sido persona demasiado hactiva (en el sentido físico de la hacción (porque en el terreno mhental soy incapaz de tomarme un respiro...)), por eso me sorprendo a mí misma contando los minutos libres que me quedan entre una hobligación y otra (he dicho hOBLIGACIÓN, que no devoción...) y hamargamente descubro que con apenas 7 u 8 hescasos minutos no puedo hacer nada de nada. Como si de un castigo se tratara, el día sólo tiene 24 horas para mí y el cansancio me himpide sacrificar horas de sueño a cambio de minutos de salud mental y felicidad vagabunda.
Esa sensación de derramar el tiempo, regalárselo a los demás a cambio de un poco de dinero o un vago hagradecimiento que ni siquiera sale del corazón. Me siento manipulada, hestafada, robada, trastocada, reemplazada por una Himpostora que vive a base de halarmas, hautobuses,hoBLiGacIoNeS, diques secos de pensamiento y sociabilidades himpuestas que en el fondo me horrorizan y quisiera lanzarlo todo lejos de mí para poder construir una nueva senda de retorno al paraíso perdido.

Hando todo el día buscando los sentimientos que perdí pero como no sé cuando desaparecieron soy hincapaz de vislumbrar una sola pista que me guie hacia hellos hoy. Supongo que en estas semanas algo ha cambiado. Supongo no,lo sé del cierto. He pasado, en tan solo tres días, de la hagradable ceguera del hamor al vacío insoportable que me hobliga a reconstruir una nueva vida en la que ya no hay hespacio para algunas cosas, en la que los mitos caen de la hestantería de mi biblioteca y chocan contra el frío suelo que los diluye y desenmascara. La cara patética, la himitación grotesca, un payaso desmaquillado que me mira triste y me hace llorar. Pero lloro con la hindiferencia de una hestatua, con el frío de un hiceberg que sólo muestra la punta de su sonrisa (y por debajo del mar las penas nadan siempre...). Esta nhada que me henvuelve y me defiende del "sentir demasiado" es la que me causa el horror vacui que tanto me preocupa y me hasalta en estos días de primavera hincierta.

Lhaia