lunes, mayo 17, 2004

El destino...¡qué misterio!Una ya no sabe que pensar sobre ello. Las personas y las cosas se mueven en una gran red, en un baile indeterminado y dinámico sin fin ni finalidad aparente. Me gusta pensar que cada uno de nosotros nació con un ovillo de lana entre sus dedos y que, con el paso de los calendarios, vamos dejando el rastro de nuestro hilo (azul, verde, amarillo, rojo, violeta,...)por los lugares que pisamos. También nos gusta enredar a las personas que se cruzan con nosotros en este curioso entramado que arrastramos. Nuestro ovillo es infinito, tan largo como nosotros deseemos. Algunas veces es gris porque nos faltan o nos sobran los motivos, otras es irisado porque llegó la primavera de nuestra vida, otras es rojo como la ira o como la pasión desbordada, a veces es azul porque queremos que nuestro mundo sea un cielo calmoso o eufórico, and so on. Los ovillos también tienen algunos nudos y entonces hay que desandarlos y curar el hilo y cuidarlo para que no se vuelva a enredar sobre sí mismo, mal asunto. Trenzamos nuestros hilillos viajeros de forma esmerada con otros cordeles a juego con el nuestro. También existe quién, un buen día (si es que así se puede llamarlo), decide que su ovillo no vale nada, que ha perdido cualquier utilidad ante el mundo-telaraña y decide hacerse una soga de cordón negro alrededor del cuello, ¡qué trágico!. Hay quién trabaja su hilo con manos artesanas y delicadas y quién olvida su hilo en cualquier parte porque tiene cosas más importantes en que pensar (pero no sabe que nada importa más que este hilo abandonado y que el resto viene solo pero hay que tejerlo aunque no se vislumbre el dibujo final). Hablando de dibujos, me gusta imaginar que el mundo es un gran tapiz en el que los hilos se conectan y se desconectan continuamente, las casualidades sólo existen de la mano de la gran Tejedora (que no es nada más que la suma de nuestros cuerpos y nuestros ovillos) que trabaja día y noche en esta inmensa alfombra (a veces sucia, a veces esplendorosa...)sin saber dónde terminará su labor cósmica,etc...

Todo esto me recordó a Persio, uno de los pasajeros del Malcom más enigmáticos (quién no sepa de qué hablo que lea "Los premios",primera novela de Julio Cortázar). A Persio, en sus ratos libres le gusta ejercitar su imaginación holística tratando de visualizar simultaniamente la posición de todos los trenes de Portugal o de cualquier parte del mundo.Con un mapa y un horario de trenes, los situa todos en el espacio físico en un momento determinado para, luego, ver qué dibujo se crea al unir todos los trenes-simultáneos. Elige intérvalos de 15 miutos,por ejemplo, y observa como ha variado el dibujo que forman los puntos-trenes. Tiene la esperanza que,algún día, todos esos puntos señalados en el mapa formarán una guitarra como la de Picasso o una reproducción idéntica de un Vieira da Silva. A partir de estas observaciones esóterico-geométricas, quizá logre atisbar las leyes que rigen la existencia o, por lo menos, las de los ferrocarriles...