domingo, diciembre 10, 2006

La ciudad

La ciudad - Vieira da Silva

La ciudad

Entro de noche a mi ciudad, yo bajo a mi ciudad
donde me esperan o me duelen, donde tengo que huir
de alguna abominable cita, de lo que ya no tiene nombre,
una cita con dedos, con pedazos de carne en un armario,
con una ducha que no encuentro, en mi ciudad hay duchas,
hay un canal que corta por el medio mi ciudad
y navío enormes sin mástiles pasan en un silencio intolerable
hacia un destino que conozco pero que olvido al regresar,
hacia un destino que niega mi ciudad
donde nadie se embarca, donde se está para quedarse
aunque los barcos pasen y desde el liso puente alguno esté mirando mi ciudad.

Entro sin saber cómo en mi ciudad, a veces otras noches
salgo a calles o casas y sé que no es mi ciudad,
mi ciudad la conozco por una expectativa agazapada,
algo que no es el miedo todavía pero tiene su forma y su perro y cuando es mi ciudad
sé que primero habrá el mercado con portales y con tiendas de frutas,
los rieles relucientes de un tranvía que se pierde hacia un rumbo
donde fui joven pero no en mi ciudad, un barrio como el Once en Buenos Aires, un olor a colegio,
paredones tranquilos y un blanco cenotafio, la calle Veinticuatro de Noviembre
quizás, donde no hay cenotafios pero está en mi ciudad cuando es su noche.

Entro por el mercado que condensa el relente de un presagio
indiferente todavía, amenaza benévola, allí me miran las fruteras
y me emplazan, plantan en mí el deseo, llegar adonde es necesario y podredumbre,
lo podrido es la llave secreta en mi ciudad, una fecal industria de jazmines de cera,
la calle que serpea, que me lleva al encuentro con eso que no sé,
las caras de las pescaderas, sus ojos que no miran y es el emplazamiento,
y entonces el hotel, el de esta noche porque mañana o algún día será otro,
mi ciudad es hoteles infinitos y siempre el mismo hotel,
verandas tropicales de cañas y persianas y vagos mosquiteros y un olor a canela y azafrán,
habitaciones que se siguen con sus empapelados claros, sus sillones de mimbre
y los ventiladores en un cielo rosa, con puertas que no dan nada,
que dan a otras habitaciones donde hay ventiladores y más puertas,
eslabones secretos de la cita, y hay que entrar y seguir por el hotel desierto
y a veces es un ascensor, en mi ciudad hay tantos ascensores, hay casi siempre un ascensor
donde el miedo ya empieza a coagularse, pero otras veces estará vacío,
cuando es peor están vacíos y yo debo viajar interminablemente
hasta que cesa de subir y se desliza horizontal, en mi ciudad
los ascensores como cajas de vidrio que avanzan en zig-zag
cruzan puentes cubiertos entre dos edificios y abajo se abre la ciudad y crece el vértigo
porque entraré otra vez en el hotel o en las deshabitadas galerías de algo
que ya no es el hotel, la mansión infinita a la que llevan
todos los ascensores y las puertas, todas las galerías,
y hay que salir del ascensor y buscar una ducha o un retrete
porque sí, sinrazones, porque la cita es una ducha o un retrete y no es la cita,
buscar la dicha en calzoncillos, con un jabón y un peine
pero siempre sin toalla, hay que encontrar la toalla y el retrete,
mi ciudad es retretes incontables, sucios, con portezuelas de mirillas
sin cerrojos, apestando a amoníaco, y las duchas
están en una misma enorme cuadra con el piso mugriento
y una circulación de gentes que no tienen figura pero que están ahí
en las duchas, llenando los retretes donde también están as duchas,
donde debo bañarme pero no hay toallas y no hay
donde posar el peine y el jabón, donde dejar la ropa, porque a veces
estoy vestido en mi ciudad y después de la ducha iré a la cita,
andaré por la calle de las altas aceras, una calle que existe en mi ciudad
y que sale hacia el campo, me aleja del canal y los tranvías
y por sus torpes aceras de ladrillos gastados y sus setos,
sus encuentros hostiles, sus caballos fantasmas y su olor de desgracia.

Entonces andaré por mi ciudad y entraré en el hotel
y del hotel saldré a la zona de los retretes rezumantes de orín y de excremento,
o contigo estaré, amor mío, porque contigo yo he bajado alguna vez a mi ciudad
y en un tranvía espeso de ajenos pasajeros sin figura he comprendido
que la abominación se aproximaba, que iba a ocurrir el Perro, y he querido
tenerte contra mí, guardarte del espanto,
pero nos separan tantos cuerpos, y cuando te obligaban a bajar entre un confuso movimiento
no he podido seguirte, he luchado con la goma insidiosa de solapas y caras,
con una guarda impasible y la velocidad y campanillas,
hasta arrancarme en una esquina y saltar y estar solo en una plaza del crepúsculo
y saber que gritabas y gritabas perdida en mi ciudad, tan cerca e inhallable,
pero siempre perdida en mi ciudad, y eso era el Perro era la cita,
inapelablemente era la cita, separados por siempre en mi ciudad donde
no habría hoteles para ti ni ascensores ni duchas, un horror de estar sola mientras alguien
se acercaría sin hablar para apoyarte un dedo pálido en la boca.

O la variante, estar mirando mi ciudad desde la borda
del navío sin mástiles que atraviesa el canal, un silencio de arañas
y un suspendido deslizarse hacia ese rumbo que no alcanzaremos
porque en algún momento ya no hay barco, todo es andén y equivocados trenes,
las perdidas maletas, las innúmeras vías
y los trenes inmóviles que bruscamente se desplazan y ya no es andén,
hay que cruzar para encontrar el tren y las maletas se han perdido
y nadie sabe nada, todo es olor a brea y a uniformes de guardas impasibles
hasta trepar a ese vagón que va a salir, y recorrer un tren que no termina nunca
donde la gente apelmazada duerme en las habitaciones de fatigados muebles,
con cortinas oscuras y una respiración de polvo y de cerveza,
y habrá que andar hasta el final del tren porque en alguna parte hay que encontrarse,
sin que se sepa quién, la cita era con alguien que no se sabe y se ha perdido las maletas
y tú, de tiempo en tiempo, estás también en la estación pero tu tren
es otro tren, tu Perro es otro Perro, no nos encontraremos, amor mío,
te perderé otra vez en el tranvía o en el tren, en calzoncillos correré
por entre gentes apiñadas y durmiendo en los compartimientos donde una luz violeta
ciega los polvorientos paños, las cortinas que ocultan mi ciudad.

JULIO CORTÁZAR

(extracto de 62-MODELO PARA ARMAR)

viernes, diciembre 01, 2006

first breath

man's first breath - Suzanne Tornquist


CANTO XXXV


Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
He respirado al lado del mar fuego de luz.
Lento respira el mundo en mi respiración.
En la noche respiro la noche de la noche.
Respira el labio en labio el aire enamorado.
Boca puesta en la boca cerrada de secretos,
respiro con la savia de los troncos talados,
y como roca voy respirando el silencio,
y como las raíces negras respiro azul
arriba en los ramajes de verdor rumoroso.
Me he sentado a sentir cómo pasa en el cauce
sombrío de mis venas toda la luz del mundo.
Y yo era un gran sol de luz que respiraba.
Pulmón el firmamento contenido en mi pecho
que inspirando la luz va espirando la sombra,
que nos anuncia el día y desprende la noche,
que inspirando la vida va espirando la muerte.
Inspirar, espirar, respirar: la fusión
de contrarios, el círculo de perfecta consciencia.
Ebriedad de sentirse invadido por algo
sin color ni sustancia y verse derrotado
en un mundo visible por esencia invisible.
Me he sentado en el centro del bosque a respirar.
Me he sentado en el centro del mundo a respirar.
Dormía sin soñar, mas soñaba profundo
y, al despertar, mis labios musitaban despacio
en la luz del aroma: “Aquel que lo conoce
se ha callado y quien habla ya no lo ha conocido”.

Antonio Colinas

miércoles, noviembre 22, 2006

sábado, noviembre 18, 2006

lunes, noviembre 13, 2006

Agitación interior

Guernica - Pablo Picasso




Tabula Rasa

a la memoria de Jorge García Sabal

Dicen que se nace, dicen que se nace cuando es tiempo,
cuando es tiempo de patear el agua que circunda,
oscuridad global,
moneda-hielo,
círculo de madre que expulsa al que ha de venir,
al que ya es sabido y no soñado,
NO,
las manos en el rostro,
el hilo que conduce el alimento,
te ahorcarán por la espalda,
te ahogarás en el aire,
tirarán de tus pies y de tu risa.
Pez en movimiento intenta recobrar su guarida.
Abrazar el útero,
aferrarse
con los dedos-cuchillos.


¿He querido, yo?
¿He deseado?


Violencia de la oscuridad.
Una luz penetra el hogar primero
y deshabita el mundo.


Todo lo que estaba grabado en la memoria se fue
como se va la alegría del desconocimiento.
Todo lo que estaba grabado en la memoria dejó de ser
y la vida continúa.
Hay que lavar la ropa y que parezca nueva
como una hoja en blanco.
Hay que lavar la ropa a la orilla del río.
No mirarás la corriente, lo que se deja atrás,
cuerpo antiguo, cuerpo extraño.
No mirarás la corriente,
el río de las lamentaciones.
Lo que se fue, se fue,
y que parezca nueva
tu ropa.


Porque la vida
continúa y empieza
a partir del llanto nupcial.


Enrique Solinas


white painting - Malevich

domingo, noviembre 12, 2006

miércoles, noviembre 08, 2006

sonríe

Three Little Birds


Don't worry about a thing

'Cause ev'ry little thing gonna be alright

Singin', "Don't worry about a thing,

'Cause ev'ry little thing gonna be alright."

Rise up this morning,

Smiled with the rising sun

Three little birds pitch by my doorstep

Singin' sweet songs of melodies pure and true

Sayin', "This is my message to you-u-u."

Bob Marley


sonrisa

Tres Pajaritos


No te preocupes acerca de nada

Por que cada cosa va a estar bien

Cantemos! No te preocupes acerca de nada

Por que cada cosa va a estar bien!


Me levante esta mañana...

Sonriéndole al sol que se levantaba

Y tres pequeños pájaros se posaron en mi puerta

Cantando canciones dulces y melodiosas de pureza y verdad

Diciendo "Este es mi mensaje para ti-i-i-i".

Bob Marley

domingo, noviembre 05, 2006

¿Dónde está la salida?

laberinto fractal cúbico

¿Dónde está la salida?

Pasos que son pasillos

pasillos que son luces muertas

luces muertas que son escaleras

escaleras que son abismos

abismos que son las horas

horas que son siglos

siglos que son siglos

ojos que son lágrimas

lágrimas que son sonrisas

sonrisas que son alivios

alivios que son latidos

latidos que son pasos

pasos que son pasillos

¿Dónde está la salida?

Laia



escapando por el laberinto -

viernes, noviembre 03, 2006

pequeña oración

mandala de arena



Que pueda yo estar en Paz
Que mi corazón permanezca abierto
Que pueda yo despertar a la luz que es mi verdadera naturaleza
Que pueda yo sanar
Que pueda ser yo una fuente de sanación para todos los seres



aaah

domingo, octubre 29, 2006

El tiempo

¿Qué

QUE APENAS QUEDA TIEMPO

(A ese amigo al que sigo buscando entre las sombras)

Que apenas queda tiempo para ser,

Lo sé.


Que somos soledades encontradas

También lo sé.


Lo sé cada vez que tomamos café

Y los posos trazan para nosotros

Un espacio repleto de eternidad.


Que apenas queda tiempo para ser,

Lo sé.


Que somos soledades exiladas

También lo sé.


Lo sé cada tarde, cuando tras el café,

Confundimos nuestras voces

Alrededor de una mesa de bar.


Que apenas queda tiempo para ser,

Lo sé.

También lo sé

Cada vez que el teléfono suena

Y las palabras se resisten a salir,

Y sólo queda el rasgado silencio

En el que tan bien nos entendemos.


Que apenas queda tiempo para ser,

Lo sé.


Lo intuyo en tu mirada

Que más que nunca es mi mirada.

Lo sé.

Lo confirmo al oír tus palabras,

Tan mías que me duelen.


Lo sé cuando te miro caminar

Con la espalda encorvada y

El ritmo lento de una historia

Que pesa más de la cuenta.

¡Que apenas queda tiempo para ser!


Y yo estoy aquí haciendo guiños

A un fantasma confundido,

Aprendiz de mortal,

Buscando un alma con quien intercambiar palabras

Mientras toma café en un bar cualquiera,

En esta ciudad

Repleta de soledades.


Angela Serna (Fases de Tumiluna, Arte Activo Ediciones, 2002)





fotografía del campeonato latte art, Holanda